1.5M ratings
277k ratings

See, that’s what the app is perfect for.

Sounds perfect Wahhhh, I don’t wanna
elblogdeabustina

No puede haber tanta maldad

elblogdeabustina

image

“Es él o yo”- dijo- y el mundo pareció detenerse. Podría jurar que hubo silencio total y se apagaron todas las luces de la ciudad, que las líneas telefónicas enmudecieron y que las hojas de los árboles dejaron de moverse. Podría jurarlo, lo juro, pero entonces una lágrima en mi mejilla puso el reloj a andar y con ello, a toda la ciudad.

Se refería a su ex o a ella. Y la definición no podía estar más acertada. Y aunque mi mente quería inclinar mi cuerpo a calmarla y contradecirla, mi boca exclamó: ‘lo sé’. Dijo ‘es él o yo’ y se sintió como ‘es su vida o la mía, es su felicidad o la mía, es su decisión o mi paz.’ Y desde esa noche en la que el mantel a cuadros y los mates nerviosos que nos pasábamos entre nosotras sin distinguir cebadora fueron testigos de su brutal declaración, siento que algo quedó clavado en mi garganta.

No puedo tragarlo, no puedo escupirlo, no puedo hacerlo desaparecer.

Y justo cuando la desesperación me corroe y me toco la cara para detener la impotencia, la veo ahí, sentadita frente a mí, con una mirada comprensiva como quién consola a un protegido. Y no es así como yo quería que se sintiera. Quería convertirme en dragón y con mi fuego frenar todas las patadas que él le dio, frenar el auto antes de que llegara a estacionarse frente a su casa, frenar el tiempo antes de que pudiera decidir seguir persiguiéndola aunque sea su ex. Y ella pareció leer mis ojos anticipándose a mis pensamientos diciéndome: ‘no tiene sentido, ni se inmutó cuando llegaron los policías, ni cuando mi vecino me defendió’. Y lo supe, y ahora lo sé, que no hay golpe necesario capaz de frenar la violencia que habita en su ser.

‘Ni siquiera puedo odiarlo’ –me confesó- y un baldazo de agua helada cayó sobre mi alma. Pero no podía decirle nada, porque la entendía. Como también entendía que no es amor lo que siente, sino más bien la profunda consternación de no poder unir esas dos personalidades: ¿con cuál de ellos debías quedarte? ¿Con el corderito tierno del principio o con el golpeador del final? ¿Cómo unir dos partes tan complejas como antagónicas en un mismo ser? Y ahí recordé a mi psicoanalista que siempre resaltaba la importancia de quedarse con una versión, con una imagen, para no reincidir.

Tomó la decisión de dejarlo en noviembre del año pasado, misma fecha en que nos hicimos amigas. No la conocía demasiado pero lo suficiente como para notar que llegaba angustiada al escritorio y entonces me comentaba –entre criollitos y bostezos- que la noche anterior, él le había ‘hackeado’ el Facebook y que entonces llovía el manto de desconfianza. Me lo contaba como quién naturaliza una escena cotidiana de mierda, como un piropo desubicado en plena calle o un conductor televisivo cortando una pollerita. Pero le dije que eso no estaba bien, y que era más grave de lo que parecía. Supongo que una suma de comentarios al respecto colaboró con que tome la decisión de acabar esa relación y ambas supimos que tuve mucha responsabilidad en aquello. Ahora –no puedo mentir- esa responsabilidad se siente como un logro y una culpa. Lo retorcido del mundo te lleva a hacer pensar que tomar decisiones correctas no compensa la dimensión del peligro al que nos encontramos expuestas.

Una policía hostil con la víctima, un sistema judicial que no quiere otorgarle el botón anti pánico porque el acusado no tiene causas previas y una madre (ex suegra) que le ofrece dinero para levantar la denuncia. Combo explosivo capaz de detonar todo el mapa de situaciones inconexas que nos desembocan en esa gran laguna de desesperanza e incertidumbre. Pero sobre todas las cosas, de desprotección. Él decidió atacarla de la manera más cruel y cobarde y el Estado decide mirar para otro lado.

Los allegados decidimos la sobreprotección natural e insuficiente del resto de los mortales que no portamos armas, ni escudos, ni fueros, ni sellos, ni firmas, ni custodia. Algunos sólo portamos palabras y una voz, pequeña, permanente y temblorosa.

‘No puede haber tanta maldad’- me dijo otra amiga días más tarde- cuando confesaba la inexplicable historia de amor que algunos farsantes venden cuando en realidad sólo quieren otra cosa que llene su fracasado autoestima de cartón, vulnerables como niños ante la opinión de papá, que sienten goce al comportarse como novios de América sin darnos la posibilidad de elegir ser descartables o no, avasallando en los espacios y los sentimientos que ellos no tienen capacidad de sentir. Como esos vendedores de autos de las películas yanquis con pelos teñidos y trajes baratos, truchos vendedores de historias románticas que al día siguiente te abandonan por WhatsApp cobardemente.

Esos y aquellos, los que forman parte de todo lo que está mal en el mundo. O de mucho de lo que está mal en él. El punto es que estoy cansada de ver a mis amigas sufrir, de escuchar a mis amigas llorar, de sentir a mis amigas desangrarse, de prometer oasis de esperanzas en los desiertos.

El punto es que estoy ahogada de buscarle explicación a lo inexplicable, de sortear temores revisando si mis amigas se encuentran bien en las redes sociales para no ser asfixiante. La insoportable estupidez que exclama que una pared es más importante que un reclamo que reclama por la vida de todas esas que asesinan cada 18 horas en nuestro país. Pero lo que más me molesta, lo que me resulta eterno en lo imperdonable, es que erosionen la belleza de este mundo, es que intenten prohibirnos de la hermosa capacidad de volver a sentir mariposas en el estómago, es la insistente voluntad de decirnos que el amor no existe, es condenarnos a contemplar esa nociva concepción de que el amor debe doler para que sea amor.

No.

Me rehúso a contemplar esa idea. Y aun cuando el mundo me arrastre al paradigma del abandono, la resignación y la pantalla gris con sonido difuminado. O cuando duela tanto como esta imagen, que te hace apretar la lengua entre los dientes y suspirar una intensa “S”. Aun cuando las estadísticas me digan que casi todas mis amigas han sido víctimas de violencia y abuso alguna vez.

Aun cuando abra el baúl de mis memorias y encuentre recuerdos en sepia que me dicen que yo también fui víctima (con lo mucho que cuesta aceptarse como tal) aun así, me levantaré y seguiré peleando. Y no existirán paredes ni aerosoles ni tetas ni megáfonos ni ministerios tan importantes como el mensaje: merecemos ser felices, para ello tenemos que estar vivas.

Primero, por la vida. Segundo, por los colores y la belleza en este mundo. Tercero, por las nuevas generaciones.

Pero siempre, por la libertad de nuestro cuerpo, alma y espíritu.

Por el verdadero amor. 

And I miss you, and I love you. That’s true.

So put a spanner in the works,
Of your mind,
It’s easier to work,
But I don’t mind,
You’re bitter in defeat so,
Just don’t try
To take away all the things
I’ll do in my life.

I have to break down all
the corners of the world.
Don’t heap this praise on me,
I know I don’t deserve it.
But what’s all this I see?
Yeah you’re leaving right beside me,
And I miss you, and I need you.
I do.

But don’t go, take my love,
I won’t let you, I’m saying please don’t go.
Don’t go, take my love,
I won’t let you, I’m saying please don’t go.

Well leave your lover now,
it’s your turn.
And see your mother now,
I hope she’s okay.
You’re bitter in defeat so,
let’s not try
To take away all the things we’ll do in our lives.

I have to break down all the corners of the world.
Don’t heap this praise on me,
I know I don’t deserve it.
But what’s all this I see?
Yeah you’re leaving right beside me,
And I miss you, and I need you.
I do.

But don’t go, take my love,
I won’t let you, I’m saying please don’t go.
Don’t go, take my love,
I won’t let you, I’m saying please don’t go.

All of my life,
trying to understand.
All of my life,
trying to hold a hand.

I have to break down all
the corners of this world.
Don’t heap this praise on me,
I know I don’t deserve it.
But what’s all this I see?
Yeah you’re leaving right beside me,
And I miss you, and I love you.
That’s true.